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ISSN
0718-0918
Vol
2, N° 1, Abril 2005
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| Convulsiones
neonatales |
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Dr.
Juan Carlos Faúndez
Unidad de Neurología, Hospital de Niños
Roberto del Río. |
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Las
crisis epilépticas neonatales ocurren
con mucho mayor frecuencia que en cualquier
otro período de la vida, teniendo una
incidencia variable entre el 0,15 al 1,4% de
los recién nacidos vivos, cifra que en
los prematuros de 36 semanas o menos aumenta
a cerca del 6% (1, 2)
Lanska
y colegas han encontrado una incidencia que
varía inversamente con el peso de nacimiento.
Así, en los menores de 1.500 grs. es
de 57,5/1000 RN vivos, 4,4/1000 RN para aquellos
con peso entre 1500-2499 grs., 2,8/1000 para
los con peso entre 2500 y 3999 grs. y 2/1000
RN vivos para aquellos con más de 4000
grs. (3)
Históricamente
se han considerado como crisis a la actividad
motora estereotipada, conductas atípicas
o anárquicas, o fenómenos secundarios
a la activación del sistema nervioso
autónomo.
Definición
El
término crisis epiléptica define
a cualquier evento clínico paroxístico
en el cual se sospeche o se haya comprobado
la relación con una crisis electroencefalográfica,
habitualmente registrada con electrodos colocados
en el cuero cabelludo. En otras palabras corresponde
a una descarga paroxística, hipersincrónica
de un grupo de neuronas corticales. Entre
éstas estarían incluidas las
crisis clónicas focales y multifocales,
las tónicas focales y asimétricas
y algunas mioclónicas (4)
Esta
denominación no es apropiada para los
eventos en los cuales no hay una concomitancia
con las crisis electroencefalográficas,
en las cuales puede haber involucrado un mecanismo
no epiléptico en su origen y propagación.
Acorde a Mizrahi y Kellaway (5), en este grupo
se pueden incluir las posturas tónicas
simétricas generalizadas, algunas mioclónicas
y automatismos motores de progresión,
movimientos oculares y algunos oro-buco-linguales.
Fisiopatología
Hay
conceptos básicos que no han variado
en el tiempo, y entre estos, el que la actividad
focal clónica es consecuencia de la
descarga hipersincrónica de un grupo
finito de neuronas corticales. Esta puede
permanecer confinada a un sitio altamente
específico o esparcirse rápidamente
a otras áreas. A su vez, el sistema
límbico y las conexiones diencefálicas
están más desarrolladas en el
niño que en el adulto, lo que explica
que estas crisis neonatales se manifiesten
frecuentemente como movimientos oculares,
cambios en la coloración de la piel
especialmente la cara, movimientos bucolinguales,
midriasis, apneas.
La
despolarización, que implica la rápida
introducción del sodio extracelular
al interior de la neurona, puede ser afectada
por diferentes mecanismos (6), resultando
en un fenómeno excesivo. Entre las
etiologías encontramos:
•
Alteraciones en la producción de energía,
que pueden resultar en falla de la bomba de
sodio-potasio ATP dependiente, como consecuencia
de hipoxemia, isquemia, e hipoglicemia.
•
Alteraciones de la membrana celular, que pueden
producir cambios en la permeabilidad al sodio.
Esto ocurre cuando el calcio y el magnesio
interactúan sobre la membrana neuronal,
causando la inhibición de los movimientos
del sodio. De este modo la hipocalcemia o
hipomagnesemia pueden conducir a un aumento
en la entrada de sodio y un exceso en la salida
de potasio, resultando en una excesiva despolarización.
•
Probablemente, una relación anormal
entre los neurotransmisores excitatorios e
inhibitorios conduzca a una excesiva despolarización,
como ocurriría en la dependencia de
piridoxina y también en los fenómenos
hipóxico-isquémicos.
•
Probablemente la cantidad y sensibilidad de
los receptores de neurotransmisores, especialmente
para neurotransmisores excitatorios, tiene
gran influencia en producir una despolarización
anormal.
Clasificación
La
clasificación clínica (Tabla
1) se ha desarrollado en base a una observación
cuidadosa de los fenómenos clínicos
observados en los recién nacidos (5),
siendo la primera en utilizarse ampliamente.
En esa tabla hay que considerar que los tres
últimos grupos de trastornos clínicos
son las llamadas crisis neonatales sutiles.
| Tabla
2. Clasificación de las crisis
neonatales |
|
| . |
Crisis
Electroencefalográfica
|
| Crisis Clínica
|
Común
|
Poco
común
|
| Sutil |
+*
|
.
|
Clónica
|
.
|
.
|
| Focal |
+
|
.
|
| Multifocal |
+
|
.
|
| Tónica |
.
|
.
|
| Focal |
+
|
.
|
| Generalizada |
.
|
+
|
| Mioclónica |
.
|
.
|
| Focal, multifocal |
.
|
+
|
| Generalizada |
+
|
.
|
|
|
|
*”Sólo
variedades específicas de crisis
sutiles están comúnmente
asociadas con actividad convulsiva electroencefalográfica
simultánea”. Volpe, 1985.
|
|
A
medida que estas observaciones clínicas
se complementaron con EEG, y más recientemente
con monitoreo poligráfico-video-EEG,
se ha logrado precisar con mayores detalles
esta consideración clínica (7,
8) para la cual Volpe (9, 10) ha propuesto
la clasificación de la tabla 2.
Otro
sistema de clasificación ha sido propuesto
por Mizrahi y Kellaway (11), desarrollado
a partir de sus hallazgos en los estudios
de monitoreo con video-EEG y la presencia
o ausencia de actividad epileptiforme electroencefalográfica.
Cada
esquema clasificatorio tiene algunas limitaciones,
por lo cual hay una constante revisión
y actualización acorde a los avances
en el campo. Con relación al período
postictal, a menudo hay un mínimo (si
es que hay) estado postictal, que sigue posterior
a una crisis neonatal focal o localizada.
El estado del recién nacido es habitualmente
el previo a la crisis, o interictal. Entonces
en aquellos que estaban alerta siguen estando
alerta, o los que estaban letárgicos
o comatosos no modificarán su condición.
Alternativamente, aquellos que estaban durmiendo
pudieran ser despertados por la crisis. Sin
embargo, en aquellas crisis prolongadas o
extensas, los neonatos pueden presentar una
disminución transitoria en la respuesta
a los estímulos.
Actividad
eléctrica cerebral
Interictal
A
diferencia de lo que ocurre en los niños
mayores y en los adultos, en los neonatos
no hay marcadores EEG confiables de una epileptogénesis
potencial. La actividad de puntas lentas focales
puede estar presente en el neonato como una
característica del desarrollo normal,
o como un hallazgo anormal, sin parecer necesariamente
descargas epileptiformes interictales (12).
El
análisis del trazado de base del EEG
puede ser útil en la evaluación,
ya que puede aportar una medida objetiva del
grado y severidad de la disfunción
neurológica. Así, los EEGs seriados,
con el registro inicial obtenido en el período
agudo, son los más exactos en caracterizar
la evolución del daño cerebral
y aportar con información pronóstica.
(13, 14)
Existen
además anormalidades EEG continuas
o periódicas, que pueden tener significado
diagnóstico o etiológico específico.
Entre ellas están: la actividad estallido-supresión,
asociada con la epilepsia precoz mioclónica
(incluyendo el síndrome de Ohtahara);
el patrón de paroxismos de ritmos theta
predominantemente en regiones rolándicas
(“theta pointu alternant”), asociado
con las convulsiones neonatales benignas (15)
el patrón cuasi-periódico focal
o multifocal, en encefalitis neonatal por
herpes simples (16); y los complejos periódicos
de la encefalopatía por glicina (17).
| |
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|
Tabla
3. Clasificación de crisis neonatales
basada en hallazgos electroclínicos
y su presunta fisiopatología. |
| |
|
Crisis
clínica con sello electrocortical
consistente:
Fisiopatología —epiléptica
Focal
clónica
Unifocal
Multifocal
Hemiconvulsiva
Axial
Focal
tónica
Postura
troncal asimétrica
Postura
de extremidades
Desviación
ocular sostenida
Mioclónica
Generalizada
Focal
Crisis
clínica sin un sello electrocortical
consistente:
Fisiopatología —presumiblemente
no epiléptica
Mioclónica
Generalizada
Focal
Fragmentaria
Generalizada
tónica
Automatismos
Motores
Movimientos
Oro-buco-linguales
Signos
oculares
Movimientos
de progresión
Crisis
eléctrica sin actividad
crítica clínica:
Fisiopatología—epiléptica
|
|
Ictal
La
actividad eléctrica crítica
es comúnmente focal y bien localizada
a una región cerebral relativamente
circunscrita, excepto en aquellas descargas
asociadas con algunas muecas mioclónicas
y con espasmos, que son generalizados. A menudo
surgen en el área centrotemporal de
un hemisferio y el siguiente sitio en frecuencia
es la región occipital. Descargas de
la región frontal son relativamente
raras (quizás porque se desarrollan
más tardíamente). También
pueden surgir desde la región medial
(Cz) y ser tan confinadas que no se registran
en otros sitios.
En
un neonato esta actividad eléctrica
puede ser unifocal o multifocal. También
puede ser simultánea pero independiente,
en diferentes regiones cerebrales.
La
morfología, frecuencia, y voltaje de
la actividad eléctrica varía
enormemente en una sola crisis, en tiempos
diferentes y en regiones diferentes, y de
una crisis a la siguiente. La frecuencia predominante
puede estar en el rango de actividad alfa,
theta o delta. El voltaje puede ser extremadamente
bajo o muy alto. Las descargas en sí
mismas pueden ser muy agudas o polimorfas
en su configuración, así como
sinusoidales. Algunas descargas, ya iniciadas,
pueden cambiar gradualmente en voltaje, frecuencia
y morfología. En otras ocasiones comienza
y termina abruptamente, virtualmente sin cambios
en el carácter (12).
Hay
además otros dos patrones eléctricos
de crisis que pueden ocurrir en los neonatos,
que ocurren típicamente con encefalopatías
severas:
•
En el cerebro comprometido, la actividad crítica
eléctrica es de bajo voltaje y larga
duración, altamente localizada, y muestra
poca tendencia a difundir o evolucionar. Puede
surgir independientemente de múltiples
sitios y puede no ser acompañada por
signos clínicos, involucrando habitualmente
un mal pronóstico.
•
En el otro patrón, las descargas críticas
están en el rango alfa, son sostenidas
y rítmicas, 8 a 12 Hz, 20 a 70 mV en
la región centro-temporal de un lado.
Ellas se han descrito en neonatos con encefalopatía
difusa de etiología diversa, y también
en algunos con malformaciones cerebrales.
(18, 19)
Postictal
Probablemente
no existe un estado postictal con características
típicas en el EEG. Este puede revertir
a su actividad de base previa, sin enlentecimiento
postictal como se observa en niños
mayores. Sin embargo hay circunstancias, cuando
las crisis son frecuentes y prolongadas, en
las cuales la actividad EEG postictal se altera,
variando de enlentecimiento transitorio a
depresión de voltaje, y enlentecimiento
a tal grado que el significado clínico
no está determinado.
Manejo
El
reconocimiento de las crisis clínicas
debe iniciar una secuencia de acciones dirigida
a confirmar el diagnóstico, evaluación
de laboratorio, aproximación etiológica
y determinación del pronóstico.
1.-Reconocimiento
clínico
El episodio clínico debe ser descrito
lo más exacto posible, según
lo observado. En base a esto, los fenómenos
clínicos pueden clasificarse, y realizarse
una determinación de la fisiopatología
involucrada. En una circunstancia aguda, esto
significará hospitalización
y manejo acorde a la condición.
2.-Estudio
EEG
El
EEG es esencial en la sospecha de crisis neonatales.
Debido a que descargas interictales no son
absolutamente concluyentes en este grupo etario,
lo único que confirma es la presencia
de crisis con registro EEG alterado durante
el episodio, por lo cual el registro “agudo
o crítico” es lo ideal. En algunas
circunstancias el registro poligráfico-EEG
prolongado es útil, o la detección
automática de la actividad crítica
EEG, y en otros centros se ha utilizado el
monitoreo con video-EEG-poligrafía.
3.-Etiología
Su
estudio es esencial, ya que en el neonato
las crisis epilépticas pueden ser debidas
a una etiología potencialmente tratable.
Así debe realizarse una evaluación
organizada y pronta, en los aspectos clínicos
y de laboratorio, independiente del tipo de
crisis y de la presunta fisiopatología.
Los principales factores etiológicos
se detallan en la tabla 4.
Esta
lista señala los principales factores,
pero no están en extenso. Ver Goddard
et al. (20), y Painter and Gaus (21).
Tabla
4. Principales factores etiológicos
para las crisis neonatales |
|
|
Hipoxia-isquemia
Infección
Meningitis
postnatal
Encefalitis
postnatal
Intrauterina
Hemorragia Intracranial
Intraventricular
Intracerebral
Subdural
Subaracnoidea
Infarto
Malformaciones congénitas
del cerebro
Metabólicas
Hipoglicemia
Hipocalcemia
Hipomagnesemia
Errores congénitos del
metabolismo
Familiar
|
|
|
La
evaluación de un neonato con crisis
debe incluir estudios que de alguna manera
estén confirmando o descartando estas
etiologías, por lo cual sin duda que
requiere: neuroimagen, estudios bioquímicos
del líquido cefalorraquídeo,
bacteriológicos y virales, entre otros.
Estos
factores etiológicos y su importancia,
han ido evolucionando acorde ha cambiado la
práctica clínica, lo que ha
permitido hacer diagnósticos más
exactos, por ejemplo en las etiologías
infecciosas virales, o en los fenómenos
de tipo vascular como los infartos o las hemorragias.
También se ha logrado una mayor precisión
en las alteraciones anatómicas y el
manejo de éstas, así como aquellas
relacionadas con trastornos genéticos.
La
deficiencia de piridoxina, aunque es citada
a menudo, es un hallazgo extremadamente raro.
4.-Pronóstico
El
determinante mayor en el pronóstico
es la etiología de las convulsiones.
Aún no existe consenso en que las convulsiones
per se determinen secuelas neurológicas
o cognitivas a largo plazo (22).
Entre
las secuelas se incluyen el fallecimiento,
anormalidades en el examen neurológico,
retardo mental y epilepsia postnatal. Las
mayores anormalidades ocurren en relación
a encefalopatía hipóxico-isquémica,
infecciones del sistema nervioso central,
y hemorragia cerebral (dependiendo de la extensión
y localización). Por otro lado, aquellos
con etiología de hipoglicemia e hipocalcemia
evolucionaron relativamente normales, en ausencia
de otros factores asociados.
Globalmente,
impresiona que el determinante más
importante de evolución, ya sea fallecimiento
o secuela neurológica, es el grado
de daño cerebral ocasionado por el
agente etiológico (23, 24, 25). Este
grado de daño a su vez, puede ser el
determinante de otros factores secundarios,
tales como el tiempo de inicio de las crisis,
tipo de crisis, duración de ellas,
patrón EEG ictal e interictal, y dosis
y número de fármacos anticonvulsivantes
requeridos para el tratamiento.
Los
factores de riesgo que aumentan la probabilidad
para desarrollar una epilepsia postnatal incluyeron
coma y anormalidades significativas de la
base del EEG durante el período neonatal,
el desarrollo de parálisis cerebral
o retardo mental, espigas y puntas lentas,
y ondas lentas en los EEG de seguimiento.
Diagnóstico
diferencial
Estos
episodios paroxísticos deben diferenciarse
de las conductas normales observadas en el
recién nacido, así como de otros
fenómenos paroxísticos.
Muchos
fenómenos paroxísticos pueden
ser interpretados como anormales por observadores
sin experiencia. Así también,
otros trastornos pueden considerarse como
normales aunque tengan carácter patológico.
La Tabla 5 presenta un resumen de los principales,
radicando el diagnóstico en las características
clínicas de los episodios. En ese contexto
es útil diferenciar semiológicamente
las convulsiones de los temblores, que se
resumen en la tabla 6.
|
Tabla 5. Eventos
motores paroxísticos
|
|
Normales
|
Anormales
|
|
Mioclono benigno
del sueño
Movimientos conductuales
Reflejos fisiológicos
Temblores benignos
Movimientos de despertar
|
Convulsiones
Reflejos patológicos
Enfermedad de sobresalto
Movimientos extrapiramidales
Fenómeno de Marcus Gunn
|
|
| |
|
Tabla 6. Diagnóstico
diferencial de temblores y convulsiones
|
| Características
clínicas |
Temblores
|
Convulsiones
|
Anormalidad
en la mirada y movimiento de los
ojos
Sensible a estímulos
Movimiento predominante
Movimientos suspendidos por flexión
pasiva |
0
+
Temblor
+
|
+
0
Espasmo clónico
0
|
|
Síndromes
específicos que incorporan las crisis
como característica esencial
Reconocidos
por la Liga Internacional Contra la Epilepsia
(International League Against Epilepsy)
La
Comisión sobre Clasificación
de la ILAE, ha incluido en su Clasificación
de Epilepsias y Síndromes Epilépticos
(26), síndromes específicos
que ocurren en el período neonatal.
Las convulsiones neonatales, como una categoría
individual de las epilepsias o síndromes
epilépticos, están incluidas
en la clasificación bajo la categoría
(3): Epilepsias y síndromes no determinados
que sean focales o generalizados, subtítulos
(3.1): con ambas crisis generalizadas y focales.
Otras
epilepsias específicas o síndromes
con crisis neonatales se listan a continuación:
Convulsiones
Neonatales Familiares Benignas
Se
presentan al segundo y tercer día de
vida (80%). Son crisis clónicas multifocales,
a veces con apnea, excepcionalmente tónicas.
La duración oscila entre uno a tres
minutos, son repetitivas y con una frecuencia
de 10 a 20 por día. Pueden presentarse
hasta el décimo segundo a decimoquinto
día de vida, y aparecer aisladamente
durante algunas semanas más. Se piensa
que tienen un patrón de transmisión
autonómico, basado en el locus en el
cromosoma 20 (27), aunque informes recientes
sugieren heterogeneidad genética (28).
Se considera benigno porque las descripciones
clínicas iniciales no informan de secuelas
neurológicas en los neonatos afectados.
Sin embargo, no todos los niños evolucionan
normalmente (29). Se ha clasificado por la
ILAE, bajo el título (2): Epilepsias
y Síndromes generalizados; subtítulo
(2.1): Idiopático, con inicio relacionado
a la edad; sin embargo, las crisis clínicas
han mostrado ser focales en su carácter
(30).
Convulsiones
Neonatales Benignas
Suceden
en lactantes sin historia familiar de crisis
neonatales. Típicamente son recién
nacidos de término y con embarazo y
parto normal. Las crisis son habitualmente
breves, a menudo son clónicas, pueden
presentarse en un hemicuerpo o en otro en
forma alternante, rara vez son generalizadas,
y ocurren entre el cuarto y sexto día
de vida. No se logra identificar etiología.
Los neonatos son neurológicamente normales
antes, durante y después de las crisis
(15). Es caracterizado más exactamente
como convulsiones neonatales idiopáticas
benignas. Debido al período en que
se presentan, se referían a ellas inicialmente
como las crisis del quinto día (31).
También se ha clasificado por la Comisión
de clasificación ILAE bajo el título
(2): Epilepsias y Síndromes generalizados;
subtítulo (2.1): Idiopático,
con inicio relacionado a la edad, pero estas
crisis también son focales en carácter.
Encefalopatía
Mioclónica Temprana o Precoz
Está
clasificada por la ILAE bajo la categoría
(2): Epilepsias y Síndromes generalizados;
subtítulo (2.3): Sintomático;
(2.3.1): etiología no específica.
Es una constelación de crisis clínicas
caracterizadas por la ocurrencia de mioclonus
fragmentario, errático, crisis parciales
motoras, y espasmos infantiles. Fue descrita
en el neonato primero por Aicardi y Goutieres
Goutières. El EEG en todos los casos
mostraba un patrón de estallido-supresión
similar al descrito por Maheshwari y Jeavons
(32).
Este
patrón electroclínico tiene
un significado pronóstico ominoso,
y muchos lactantes mueren antes de su primer
cumpleaños. La encefalopatía
por Glicina es una de las principales causas.
Además de la hiperglicinemia no cetótica,
hallazgos similares se han reportado en la
acidemia D-glicina (33) y en un caso de acidemia
propiónica (34).
Encefalopatía
Epiléptica Infantil Precoz (Síndrome
de Ohtahara)
Ohtahara
(35) describió un síndrome caracterizado
por espasmos tónicos que ocurrían
antes de los 20 días, generalmente
en los primeros cinco días, y que carecían
de los mioclonos fragmentarios o crisis clónicas
descritas por Aicardi y Goutieres Goutières,
pero que mostraba el mismo tipo de patrón
EEG de estallido supresión. Evolucionan
hacia un EEG de tipo hipsarrítmico.
Parece probable que sea una variante de la
encefalopatía mioclónica precoz.
En todos los casos el estado neurológico
es grave y evoluciona hacia la muerte o deja
secuelas severas. Las causas de este síndrome
son múltiples: disgenesias cerebrales,
hipoxia isquemia, trastornos congénitos
del metabolismo, entre otros.
Tratamiento
El
objetivo primario en el manejo de las crisis
neonatales es el tratamiento adecuado de los
factores etiológicos subyacentes. Consecuentemente,
las crisis convulsivas son tratadas con fármacos
antiepilépticos y con terapia específica
para la etiología.
Sin
embargo, estas metas en muchas ocasiones no
se logran, ya sea porque no se identifican
las etiologías o porque no hay tratamiento
efectivo o conocido.
Al
enfrentarse a una crisis epiléptica
neonatal, se deben considerar siempre los
fundamentos básicos de tratamiento
que involucran una situación de este
tipo, asegurando una vía aérea
despejada, con respiración adecuada,
y circulación estable, junto a corrección
y mantención de los factores metabólicos.
Fármacos
antiepilépticos (FAE)
Aunque
la elección del fármaco de primera
línea es actualmente controvertida,
hay consenso en la preferencia de algunos
fármacos. Los FAE que se han usado
tradicionalmente incluyen el Fenobarbital,
Fenitoína, Lorazepam y Diazepam (36,
37).
Fenobarbital
Es
el más usado como FAE inicial. La selección
del FAE de segunda y tercera línea
varía según los centros (38).
Hay informes de la eficacia del Fenobarbital
para controlar las crisis neonatales después
de una dosis de carga inicial (15–20
mg/kg) para alcanzar niveles terapéuticos,
en que demuestran una respuesta favorable
entre 32% y 36% (39). Un informe adicional
de Gal y colaboradores (40), utilizando dosis
hasta 40 mg/kg, revela una respuesta de 85%.
Entre
los esquemas propuestos, se recomienda Fenobarbital:
dosis de carga 20 mg/kg; si las crisis persisten,
5 – 10 mg/kg hasta alcanzar un nivel
sanguíneo de 30 – 40 ug/mL. La
dosis de mantención fluctúa
entre los 3 a 8 mg/kg/día.
Fenitoína
Painter
y colaboradores informan que no existe diferencia
significativa entre la administración
de Fenobarbital y Fenitoína para controlar
las crisis. Se recomienda actualmente Fosfenitoína,
20 mg/kg; y luego 5 – 10 mg/kg para
alcanzar un nivel sérico de 15 –
25 ug/ml (41).
Lorazepam
La
dosis recomendada es de 0,05 – 0,1 mg/kg
(hasta 0,15 mg/kg en situación aguda),
que puede ser repetida.
Diazepam
La
dosis recomendada es de 0,25 mg/kg endovenoso
o 0,5mg/kg rectal, aunque en los esquemas
actuales tiene un lugar secundario.
Se
han utilizado además otros FAE para
tratar las crisis epilépticas neonatales,
cuando han fallado los fármacos de
primera y segunda línea, incluyendo
entre estos Midazolam, Valproato endovenoso,
Lidocaína, y más raramente Primidona,
Carbamazepina y Vigabatrina. (Tabla
7).
El
uso de los FAE se realiza para detener las
crisis neonatales, prevenir su recurrencia
y minimizar las secuelas que pudieran ocurrir,
pero desafortunadamente en muchas ocasiones
estos objetivos no se logran.
En
múltiples casos la actividad eléctrica
epileptiforme puede persistir, planteando
la duda de cuál debiera ser el objetivo
del tratamiento: cese de las crisis clínicas
o de las crisis eléctricas. Aún
no hay una respuesta clara de cual debiera
ser la meta, y la utilización de altas
dosis de FAE para tratar las crisis eléctricas
no está exenta de dificultades, como
hipotensión sistémica, depresión
respiratoria y depresión del sistema
nervioso central, entre otras, haciendo la
tarea más difícil y a menudo
no lograda.
La
necesidad de tratamiento crónico con
FAE también es materia de controversia,
ya que muchos neonatos no tendrán crisis
después del período agudo. Habitualmente
se les indica tratamiento de mantención
con Fenobarbital, y la suspensión de
éste es una decisión altamente
individualizada, ya que no hay guías
prácticas específicas, y la
respuesta a los diferentes esquemas no tiene
apoyo científico suficiente
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