|
El
desarrollo que ha alcanzado en general, y particularmente
en nuestro medio, la demanda y oferta de cursos,
seminarios, conferencias y talleres relativos
a Medicina Basada en Evidencias (MBE) ha sido
considerable hasta el momento, incorporando
al léxico expresiones que son propias
de la disciplina y no son pocos quienes exigen
saber qué clase de evidencia da sustento
a una determinada conducta o recomendación
en la práctica médica.
No se dispone, sin
embargo, de información cuantitativa
que perfile el grado de penetración que
han tenido en nuestro medio, en el ámbito
médico, los conceptos relativos a MBE.
Por ello se decidió efectuar el presente
estudio con el objetivo de contribuir a llenar
este vacío.
Material
y método
Ante
la falta de antecedentes, se realizó
un estudio de carácter exploratorio por
medio de una encuesta aplicada a una muestra
no probabilística de 239 médicos
procedentes de 24 centros académicos
y no académicos de diferentes ciudades
del país durante el año 2003.
La fuente principal fue el Hospital Roberto
del Río, donde se encuestó al
68% de los médicos. El instrumento correspondió
a una modificación, consistente esencialmente
en una adaptación local, de un documento
empleado en otros medios para los mismos fines
(1). Se trata de una encuesta semiestructurada
con 16 preguntas o grupos de ellas, cuyo detalle
se muestra en el anexo.
Se la utilizó autoaplicada, con presencia
del encuestador para aclarar cualquier duda
de interpretación y asegurar respuesta
a todas las interrogantes. Algunas preguntas
consideradas más personales, se estimó
apropiado dejarlas para el final y se presentan
en el orden seguido con cada entrevistado.
La participación
fue voluntaria e informada, enfatizando la confidencialidad,
en lo individual, de la información que
se obtendría.
Por las limitaciones
propias del tipo de muestra utilizada, se evitó
incluir elementos de estadística inferencial
(2).
Resultados
Sólo
el 2,1% de los entrevistados rechazó
responder la encuesta (5/239)
Pregunta
1: La actitud personal hacia la promoción
de la MBE fue considerada positiva por el 94%
de los entrevistados, indiferente en el 4,7%
y negativa sólo en el 1,3%.
Pregunta
2: La actitud de los colegas en el
ambiente de trabajo hacia la MBE fue considerada
positiva en el 76%, indiferente en el 21% y
negativa en el 3 %.
Pregunta
3: Acerca de la utilidad que en el
trabajo diario tienen los hallazgos generados
por la investigación, el 94,4% los estimó
útiles, pero no extremadamente útiles.
Indiferencia frente a esto indicó un
3 % y un 2,6% mostró una opinión
adversa.
Pregunta
4: Relativa al porcentaje de la práctica
clínica que estaría basada en
evidencias. La dispersión de respuestas
abarcó todo el espectro (0% hasta 100%),
aunque el 50,8 % de los encuestados estimó
el porcentaje desde 40 a 60 %.
Pregunta
5: Que la MBE significa una mejor atención
de los enfermos estuvo de acuerdo el 88,9%,
en desacuerdo un 7,3% y presentó actitud
neutral un 3,8%.
Pregunta
6: Consideró que la aplicación
de los principios de la MBE efectivamente representa
una carga adicional de trabajo para el médico
un 69,2%. No lo estimó así el
25,2% y tuvo una actitud indiferente ante el
planteamiento, un 5,6%.
Pregunta
7, 8 y 9: Acerca de las vías
apropiadas para la práctica de la MBE,
el método único más empleado
por los encuestados fue el uso de guías
o protocolos desarrollados por otros (C) (17,9%)
y en combinación, fue este método
junto al empleo de información entregada
por revistas especializadas en forma resumida
(B-C) (29,5%). La opción de adquirir
destrezas personales para poder analizar la
literatura primaria o las revisiones sistemáticas
(A), fue elegida, en forma aislada, sólo
por el 6,4% y en combinación con otra,
por el 20,5 %. Ningún método,
fue la opción elegida por el 2,1% de
los encuestados.
Los tres sistemas
propuestos fueron elegidos por el 17,5% y el
6,1% restante correspondió a B.
El método
estimado como el más apropiado para el
encuestado no coincidió con la respuesta
anterior ya que fue elegida la opción
B con 21,4% seguida de cerca por A con 17,5%.
La combinación de métodos más
escogida fue B-C con 21,8 %. Por otra parte,
el método considerado como el más
recomendable para otros fue A, con 38 %. Muy
pocos declararon no considerar apropiado ningún
método (0,4%).
Pregunta
10: Acerca del número de búsquedas
bibliográficas en Internet durante el
último mes, la mediana fue de 2 variando
de 0 a 40. Ninguna, una y dos efectuaron el
14,1%, el 18,8% y el 19,7%, respectivamente.
Pregunta
11: Los temas buscados en Internet
fueron una muy amplia gama, no mostrando una
concentración en un área en particular.
Pregunta
12: Relativa al manejo del inglés
técnico. Sólo el 41,5% manifestó
no tener problema o escaso para leer publicaciones
científicas en inglés. Dificultad
moderada o intensa declaró tener el 51,7%.
Debe pedir ayuda a otra persona para traducir
el 5,1 %, aunque es destacable que sólo
el 1,7% indicó no leer este material.
Pregunta
13: Menos de la mitad de los encuestados,
42,7 %, había efectuado algún
curso relativo a MBE, con una duración
total de 30 horas docentes (mediana), variando
de 2 a 230 horas.
Pregunta
14: La disponibilidad de acceso a Internet
estuvo presente en todos los encuestados, con
75,2% accediendo en el trabajo, un 82,5 % en
el hogar y en ambos sitios en el 73%
Pregunta
15: Sobre conceptos importantes en
MBE, lo menos común fue que los encuestados
declararan tener una idea clara sobre lo que
es OR (18,7%) y lo más común,
Meta-análisis, con 62,6%. Mediana de
27,4%. Menos del 35% señaló saber
y poder explicar los conceptos de Riesgo absoluto,
Riesgo relativo, Odds ratio, Homogeneidad, Error
alfa, Error beta, Poder, NNT y Sesgo de publicación,
es decir 9 de 13 conceptos indagados.
Pregunta
16a: Sobre lugar de la encuesta. Los
centros origen de la muestra fueron 13 hospitales
y 11 Consultorios, cinco fuera de Santiago y
10 de ellos académicos.
Pregunta
16b: Cinco casos se habían titulado
el año de la encuesta, 102 tenían
una antigüedad de hasta 5 años.
De 6 a 10 años tenían 60 encuestados
y mayor antigüedad los restantes 67.
Pregunta
16c: El conjunto encuestado estaba
integrado por 110 varones y 124 mujeres.
Pregunta
16d: En la distribución por
edad, 195 (83,3%) tenían de 25 a 39 años.
Con 40 años y mayores se presentaron
39 casos (16,7%).
Pregunta
16 e: Horas de trabajo. Salvo excepciones,
los encuestados trabajaban como mínimo
44 horas semanales.
Pregunta
16 f: Acerca del cargo o función
de los encuestados, se destaca que la mayoría,
143 (61,1%) estaban en plan de especialización
o capacitación en Pediatría, Cirugía
Infantil, u otras Especialidades. Los restantes
eran pediatras certificados o no, médicos
integrales o de atención primaria.
Comentario
La
encuesta fue en general bien recibida, puesto
que muy pocos rechazaron responderla. La proporción
de éstos no es esperable que modifique
las conclusiones sugeridas por la muestra. Con
todo, se debe tener presente que esta última
no es probabilística sino de oportunidad
y centrada principalmente en médicos
que atienden niños, de un conjunto estimado
con mayor probabilidad que la generalidad de
realizar cursos relativos a MBE y análisis
crítico de la literatura. En este sentido,
entonces, el estudio es indagatorio y pretende
abrir nuevas preguntas, para revisar posteriormente,
en muestras probabilísticas de cada sector.
Otros han investigado empleando encuesta vía
correo, encontrando una proporción de
pérdida de respuesta de 33%, lo que representa
un muy serio inconveniente (1).
Es destacable
que la actitud revelada por los encuestados
hacia la MBE y su opinión en el ambiente
de trabajo, así como la utilidad atribuida
al conocimiento generado por la investigación,
sea muy mayoritariamente favorable. De hecho,
menos del 3% mostró una actitud francamente
crítica o adversa.
Es muy difícil
tener una idea clara acerca de la medida en
que las acciones médicas personales diarias
están basadas en evidencias. Se podría
pensar por ejemplo que en “alguna”
evidencia deben estar fundadas todas, lo que
es muy probable, pero el nivel o calidad de
la evidencia seguramente es desconocido. Tal
vez por ello los encuestados respondieron con
un amplio margen de 0 a 100%, siendo improbablemente
exactas ambas cifras extremas.
La gran mayoría
estimó que la MBE traía como consecuencia
una mejor atención de los pacientes,
aunque una cierta proporción - 7,3% -
consideró que esto no ocurría
así.
La aplicación
de los conceptos de la MBE representaría
una carga adicional al trabajo diario del médico
en opinión de los dos tercios de quienes
respondieron. Esto es efectivo si cada médico,
individualmente, resuelve los problemas de sus
enfermos por medio de indagaciones o búsquedas
realizadas personalmente. Para ello requiere
tiempo y entrenamiento, pudiendo darse el caso
que no disponga de uno, otro o ambos. A ello
se agrega la necesidad del instrumento apropiado,
pero como veremos más adelante éste
está generalmente a mano. El médico
es un profesional que inevitablemente debe asignar
tiempo a su formación personal y a mantenerse
al día de lo que ocurre en su campo de
experticia. Lo que haga con ese tiempo depende
de una decisión personal y puede utilizarlo
en alguna(s) de las diferentes formas que han
sido sugeridas (3, 4). Como sea, la posible
sobrecarga de trabajo no parece plantearse como
se señaló más arriba, puesto
que el 38% estimó que la opción
más recomendable era la adquisición
de destrezas personales para buscar, analizar
y resolver con la información de la literatura
primaria. Sin embargo, la conducta más
comúnmente adoptada no era precisamente
esa sino mas bien utilizar “normas”
o”guías” y a veces recurrir
a revistas que entregan predigerida la respuesta
a la duda planteada. El método considerado
más adecuado para el encuestado obtuvo
una respuesta con incremento de quienes propugnaban
el análisis personal y fue precisamente
ésta la metódica que los encuestados
consideraron más recomendable para otros.
Estas observaciones son muy interesantes si
consideramos que muchos cursos sobre el tema
que nos ocupa están centrados en destacar
el meta-análisis y su importancia. Ante
ello no resultaría sorprendente la cifra
de encuestados que declaran saber lo que es
el meta-análisis.
Es destacable
el empleo que los encuestados dan a la opción
Internet para actualizar sus conocimientos,
ya que sólo un 14,1% no había
efectuado (o solicitado) búsqueda alguna
en el último mes.
La lectura de
artículos o material en inglés
es practicada por casi todos de alguna manera,
aunque la mayor parte tiene dificultad moderada
a intensa o debe pedir ayuda para hacerlo y
menos de la mitad declara leer inglés
con escasa o nula dificultad. Esta última
cifra es pequeña si se considera que
el grueso de la información nueva se
publica justamente en ese idioma.
Instrucción
formal sobre MBE recibió menos de la
mitad y con programas de duración muy
variable. La proliferación de cursos
breves ha sido considerable pero no contribuyen
a aumentar el contingente de profesionales que
maneja el tema. Interés parece indudable
que existe, pero aparentemente no se tiene la
noción clara que el recibir docencia
por 2, 4 o 6 horas sobre el tema en el mejor
de los casos sólo servirá para,
probablemente, estimular sobre el asunto.
Resultó
muy interesante constatar que todos los encuestados
disponían de acceso a Internet, ya fuera
en el sitio de trabajo, en el hogar o en ambos.
Esto contrasta con la escasa formación
en MBE, pero es indudablemente un buen comienzo.
El nivel declarado de conocimiento sobre conceptos
básicos de MBE es considerablemente bajo,
lo que haría muy improbable la comprensión
completa de artículos que los empleen
y consecuentemente sería un obstáculo
insalvable para llegar a formarse una visión
crítica de lo leído.
Esto es algo contrastante
con el aparente interés sobre los temas
de MBE y el hecho que se trató de una
población de profesionales jóvenes,
puesto que cerca de los ¾ estaban en
sus primeros 10 años de titulados y en
términos de edad casi el 85% tenía
menos de 40 años. Sería de suponer
que el grupo estaba en su período más
intenso de formación. De hecho, el 61,1%
de la muestra declaró encontrarse efectuando
un plan de entrenamiento universitario en especialidad
primaria o derivada. En tales circunstancias,
sería esperable que las oportunidades
de adquirir ciertas destrezas en MBE fuesen
considerables.
El
estudio sugiere las siguientes conclusiones:
1.-En el grupo
analizado, donde la mayoría tiene acceso
relativamente expedito al conocimiento sobre
MBE, se observa una gran heterogeneidad en las
respuestas ante la encuesta.
2.-El entrenamiento
formal en temas relativos a MBE no debe quedar
librado al interés individual o a planes
en programas de formación, perfeccionamiento
o capacitación de post-grado o post-título.
Parece indispensable su incorporación
al currículo de pre-grado donde aún
no lo esté.
3.-Puesto que
la inmensa mayoría tiene o ve una actitud
favorable hacia la MBE, el terreno estaría
fértil para introducir los cambios que
permitieran incrementar el nivel de conocimientos
sobre el tema.
4.-Se observa
como una ardua tarea el lograr que los usuarios
no se dejen llevar nuevamente por las autoridades
en las materias de interés, ahora representados
por quienes elaboran normas o guías de
conducta clínica, o publican revisiones
sistemáticas cuali o cuantitativas, todas
“basadas en evidencias” (Aunque
no necesariamente siguiendo la metología
ad-hoc) (5).
5.-Los encuestados
consideraron que el método más
recomendable para otros
con el fin de ejercer MBE, era el análisis
y estudio personal de los temas de interés,
aunque ellos en su práctica diaria declarasen
seguir el camino de emplear guías o protocolos
hechos por otros o resúmenes de revistas
especializadas.
6.-La necesidad
del manejo apropiado del idioma inglés
parece evidente. Asimismo el gran aporte que
significa, en un momento dado, el disponer todos
de acceso a Internet.
|