El
propósito declarado del estudio es determinar
si la tomografía predice correctamente
el diagnóstico de apendicitis aguda en
niños, comparada con el diagnóstico
preoperatorio hecho sólo por historia,
examen físico y otros estudios de laboratorio.
Tratándose
de un estudio de una prueba diagnóstica
de apendicitis (tomografía), o mejor
dicho, aparentemente de la comparación
de dos pruebas diagnósticas, es muy importante
establecer cual es el patrón ideal de
comparación o “gold standard”
por medio del cual se definirá en cada
caso la presencia o ausencia de apendicitis
aguda. Se debe recordar que este criterio, patrón
de diagnóstico, no debe incluir a la
prueba diagnóstica que se está
valorando.
En el artículo
no se establece específicamente cual
será el “gold standard”,
pero parece darse por entendido en el texto
que en definitiva sería, y fue, el estudio
anatomopatológico puesto que sólo
ingresaron a la investigación pacientes
apendicectomizados.
En un lapso de
5 años, los autores revisaron a todos
lo pacientes que fueron sometidos a intervención
quirúrgica por supuesta apendicitis aguda.
Excluyeron los casos que tuvieron una apendicectomía
incidental, como parte de otro procedimiento
y aquellos con exploración diagnóstica
y apendicectomía por dolor abdominal
crónico.
Reunieron 283 casos.
En la investigación
de una prueba diagnóstica es indispensable
que la patología en estudio presente
un espectro apropiado, tanto cualitativamente
como cuantitativamente. Ello quiere decir que
el grupo participante debe incluir las diversas
forma de presentación del problema, con
casos altamente sospechosos, mediana y escasamente,
así como con otras patologías
con las cuales se puede confundir la que estamos
investigando. Por otra parte, estas formas probables
de presentarse el problema mostrarán
una proporción similar a la esperable
en la población donde se aplicará
la prueba diagnóstica posteriormente.
El estudio será
prospectivo y en forma independiente y ciega
se aplicará el criterio patrón
diagnóstico (gold standard) y la prueba
en estudio. Esto se refiere al hecho que si
a un grupo de casos que entran al estudio se
les practica tomografía (que aún
no se sabe si es útil o no lo es para
los fines del diagnóstico de apendicitis
aguda) su informe por el experto no se debe
ser influido por el conocimiento de otros resultados
clínicos o de laboratorio que se disponga
del caso.
De los 283 casos
ingresados al estudio (operados), 268 fueron
diagnosticados por anatomía patológica
como portadores de apendicitis aguda y en 15
pacientes el órgano estaba normal.
En 96 de los casos
se practicó tomografía preoperatoria
y se compararon los dos grupos: aquellos con
y sin tomografía (ciertamente esperando
que no mostraran diferencias en características
consideradas basales).
La comparación
es, en principio, no válida puesto que
por alguna razón a unos se les realizó
tomografía y a otros no. (Más
apropiado habría sido haber efectuado
a todos el examen, o al menos en un grupo elegido
al azar.) Por otra parte, los dos conjuntos
diferían significativamente en la distribución
por género, factor de mucha importancia
en la patología estudiada.
Se menciona el
uso de la prueba exacta de Fisher (en la comparación
de proporciones), pero no se indica como se
compararon los promedios de edad y de recuento
de leucocitos en sangre. En la tabla respectiva
(N°1), no se muestra ningún estadígrafo
de dispersión en estos dos casos, de
modo que el lector no puede formarse una idea
de la adecuación de la comparación,
ni comprobar el resultado expresado como valor
de “p”.
Cinco casos de
96 con tomografía, resultaron erróneamente
informados como negativos para apendicitis.
Al considerar
género y edad, los autores encuentran
que en 81 niñas de 11 años o mayores
la precisión diagnóstica, en general,
es significativamente menor que la encontrada
en todos los demás pacientes, es decir
niñas menores y varones de todas las
edades.
Tal comparación
no es apropiada, porque la diferencia señalada
no se informa para cada grupo, de modo que el
lector pudiera creer que la precisión
diagnóstica es superior en niñas
de 10 años o menores así como
en varones mayores y en varones menores, aspecto
no señalado como estudiado.
El artículo
informa que, comparando quienes fueron o no
sometidos a tomografía preoperatoria,
no se observó diferencia significativa
en la exactitud diagnóstica en el total
de casos ni considerando sólo niñas
de 11 años de edad y mayores, o los restantes.
En esta última
comparación se encuentra sorprendentemente
que p=1,00, lo que es erróneo: 96,8%
(n=63) vs. 96,4%(n=139) genera p=0,79 por Epitable
de Epi6 y p=0,789 por Medcalc.
En esta investigación
se declara en la discusión: "Este
es un estudio retrospectivo no aleatorizado
y por lo tanto, tiene sus limitaciones. Incluye
sólo aquellos pacientes que fueron apendicectomizados
y no incluye un análisis de aquellos
pacientes a los que se les efectuó tomografía
interpretada como negativa para apendicitis
y tratados sin operación. La ausencia
de este subgrupo de pacientes impide las determinaciones
de especificidad, valor predictivo negativo
y la precisión global de la tomografía
en la evaluación de apendicitis aguda".
Por otra parte,
no se discute acerca de la prevalencia, es decir,
la proporción de casos con apendicitis
respecto del total estudiado. En una prueba
diagnóstica, tal información es
crucial, puesto que los valores predictivos
son afectados de manera importante por la prevalencia.
Con limitaciones
tan serias, más otras mencionadas previamente
en este análisis, es muy probable que
muchos hubieran decidido no hacer la revisión.
Ahora, si consideramos
el total de aspectos a tomar en cuenta en el
estudio de una prueba diagnóstica, veremos
lo que ocurre en la situación analizada.
Tabla 1.
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1
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Duffau G. Estándar ideal imperfecto
y variable. Rev Chil Pediatr 1996; 67: 125
-126. |
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2
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Duffau G. Tabla de 2 x 2 en el análisis
de pruebas diagnósticas por razones
de verosimilitud y usos.
Rev. Chil. Pediatr 1997; 68: 194 –
203. |
|
3
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Duffau G. Tamaño muestral en estudios
sobre pruebas diagnósticas. Rev Chil
Pediatr 1998; 69: 122 – 125. |
|
4
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Duffau G. Medicina basada en evidencias:
Aspectos del análisis crítico
de la literatura biomédica.
Rev. Chil. Pediatr 1998; 69: 110 –
115. |
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5
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Herrera P, Duffau G. Errores metodológicos
aún en revistas de corriente principal.
Rev Med Chile 2001; 129: 464 –
465. |
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6
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Duffau G. Medicina Basada en Evidencias
(MBE) y Análisis Crítico de
la Literatura. Rev Psiq Clin 2003;
40: 6–11. |
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