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ISSN
0718-0918
Vol
2, N° 1, Abril 2005
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| Pediatría
del desarrollo y comportamiento |
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Dra.
María de los Ángeles Avaria
Departamento Pediatría y Cirugía
Infantil, Facultad de Medicina,
Universidad de Chile.
Unidad de Neurología, Hospital de Niños
Roberto del Río. |
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Antecedentes
En
los últimos años se ha asistido
en el mundo, y en Chile en particular, a un
aumento de consultas referidas a retraso del
desarrollo, trastornos del aprendizaje y de
lenguaje, probablemente producto de un mejor
nivel de educación de nuestra población,
para la cual estos problemas, antes poco relevantes,
han pasado a ser de alta prioridad.
La
prevalencia de trastornos del desarrollo se
ha estimado en 16% -18% de los niños,
de los cuales alrededor del 90% se relacionan
a problemas de aprendizaje, lenguaje o retardo
mental. Esta cifra aumenta a 22% si se incluyen
problemas del comportamiento. (1, 2, 3) Estadísticas
chilenas muestran una realidad aun más
preocupante. En un estudio longitudinal de
salud mental en escolares chilenos, el 25,8%
de los niños de 1° básico
presentaron déficit cognitivo, el 27%
fueron catalogados como hiperactivos, y un
45% fueron considerados con problemas conductuales
por sus profesores. (4) En Argentina, un estudio
de validación de pruebas de pesquisa
encontró una prevalencia de problemas
de desarrollo del 57%. (5)
Se
ha reportado que 1 de cada 10 pacientes adultos
o pediátricos vistos en atención
primaria tienen problemas neurológicos
y que la la mayor parte de los pediatras remiten
a la mayoría de sus pacientes con estos
problemas. (6) Estudios chilenos y extranjeros
muestran que el trastorno por déficit
atencional y trastornos de aprendizaje constituyen
uno de los diagnósticos más
frecuente en atención primaria y que
ocasionan mayor gasto a los sistemas de atención
en salud. (7,8)
En
el ámbito hospitalario, se estima que
un 15 a 30% de los niños ingresados
en un hospital, tienen problemas neurológicos.
(9)
La
pediatría del desarrollo y comportamiento
ha tomado relevancia como la disciplina de
la pediatría dedicada al estudio del
proceso de maduración con tres objetivos:
1.Promover la salud mental y física
de los niños y adolescentes.
2.Realizar un diagnóstico temprano
y un tratamiento efectivo de las alteraciones
del desarrollo y /o comportamiento.
3.Estudiar los trastornos en el desarrollo,
su prevención y manejo más adecuado.
Se entiende por trastornos del desarrollo
todos aquellos cuadros crónicos y de
inicio precoz que tienen en común dificultad
en la adquisición de habilidades motoras,
de lenguaje, sociales o cognitivas que provocan
un impacto significativo en el progreso del
desarrollo de un niño (Academia Americana
de Pediatría1994).
Se
incluyen bajo esta denominación:
•
Retardo global del desarrollo psicomotor –
Retardo mental
•
Parálisis cerebral
•
Trastornos específicos del desarrollo
del lenguaje (disfasias) y habla
•
Trastornos específicos del aprendizaje
o
De lectura
o
De escritura
o
De cálculo
•
Trastorno específico del desarrollo
motor (dispraxias)
•
Trastornos generalizados del desarrollo (espectro
autista)
•
Trastorno por déficit de atención
con o sin hiperactividad
•
Síndrome de Tourette
La
mayoría de estos cuadros son de ocurrencia
frecuente en la población infantil,
y su diagnóstico precoz y manejo adecuado
son fundamentales para obtener un mejor pronóstico
de inserción social y calidad de vida.
La
supervivencia y expectativa de vida de prematuros
y niños con enfermedades crónicas
ha aumentado en la medida que la sociedad
se desarrolla y se hacen disponibles mayores
recursos tecnológicos, por lo que es
necesario contar con médicos pediatras
entrenados en la detección de las necesidades
y manejo de estos pacientes, como también
otros profesionales con bases sólidas
que permitan enfrentar la rehabilitación
(habilitación) integral de este grupo
de niños.
La
Pediatría del desarrollo es una parte
esencial de la práctica pediátrica
siendo el mejor escenario para su aplicación
la atención primaria, pero debe estar
presente en todas las instancias de atención
al niño y adolescente.
Primer
objetivo
Ayudar
a los padres a lograr el mejor ambiente para
el desarrollo de las habilidades cognitivas
sociales y emocionales del niño.
Los
profesionales del ámbito de la salud
que tienen un contacto regular con el niño
y sus familias, como el pediatra y la enfermera
de pediatría ocupan una posición
central en la red de los servicios de salud
y una posición privilegiada para cumplir
los objetivos propuestos. Como ejemplos se
pueden mencionar la motivación a entregar
una alimentación sana, prevenir obesidad
y caries, prevenir accidentes mediante una
guía anticipatoria, aconsejar a los
padres sobre juegos y juguetes adecuados,
dar estrategias de disciplina que signifiquen
prevención de abuso infantil, estimular
hábitos de higiene, estudio, uso del
tiempo libre, etc.
Actualmente
se considera que el pediatra no debe tener
sólo un rol de detección de
alteraciones del desarrollo, sino que debe
tener un rol activo en la optimización
del desarrollo del niño.
•
Estimulación - oportunidades
•
Modificación conductual
•
Intervención precoz
•
Terapias alternativas
Segundo
objetivo
Detectar
en forma precoz alteraciones o desviaciones
del desarrollo.
•
Hipoacusia
•
Retardo de lenguaje :
o
Riesgo de trastornos emocionales y conductuales
o
Riesgo de trastorno de aprendizaje
•
Autismo
•
Retardo del desarrollo
•
Trastornos de aprendizaje
•
Guiar a los padres en relación con
las intervenciones más efectivas (costo-
efecto).
Se ha
demostrado que los factores maternos y las
intervenciones del pediatra para ayudar a
los padres a interactuar con su hija(o) en
una forma positiva y cognitivamente estimulante
tienen impacto significativo en el desarrollo
de la niña(o). (10)
Aunque
existen diferentes teorías, pocos discuten
que el desarrollo de habilidades cognitiva
y motoras es resultado del desarrollo del
encéfalo. El desarrollo psicomotor
en la especie humana se caracteriza por un
importante grado de estabilidad en los diferentes
individuos, pero a diferencia de otras especies
es llamativa la variabilidad observada. Esto
hace necesario el uso de instrumentos validados
para la detección precoz de alteraciones
del desarrollo psicomotor. Sin el uso de estos
instrumentos de tamizaje un alto porcentaje
de niños con trastornos del desarrollo
no son identificados. (11) La mayoría
de los errores se relacionan a una falsa seguridad
que da la presencia de un desarrollo motor
normal, sin dar importancia a la motricidad
fina, más predictiva. Otra fuente de
error deriva de considerar que el lenguaje
se puede evaluar sólo después
del primer año. Existe también
cierto prejuicio en relación al fenotipo,
siendo diagnosticados en forma más
precoz los niños con dismorfias, y
cada vez se le da más relevancia como
fuente de error al hecho de ignorar las preocupaciones
de los padres.
Tercer
objetivo
Realizar
el manejo adecuado en los niños con
trastornos del desarrollo.
Un
muy buen ejemplo en esta área lo constituyen
los niños portadores de parálisis
cerebral. La parálisis cerebral se
define como un trastorno predominantemente
motor, ocasionado por una lesión no
progresiva del cerebro que ocurre en las etapas
de crecimiento acelerado de éste. Como
trastornos asociados es frecuente el retardo
mental, la epilepsia o los trastornos sensoriales.
Sin embargo hay una serie de problemas que
son complicaciones y que pueden prevenirse
o minimizarse con el manejo pediátrico
adecuado. La desnutrición puede prevenirse
definiendo una dieta y vía de alimentación
adecuada, y realizando un buen manejo del
reflujo gastroesofágico. Las contracturas
pueden prevenirse o minimizarse mediante la
indicación de posiciones adecuadas
desde RN, manejo ortopédico oportuno,
uso de toxina botulínica u otras alternativas
para la espasticidad.
En
EEUU se ha reportado que el número
de menores de 17 años con condiciones
crónicas que limitan su actividad se
dobló (de 1.8% a 3.8%) entre 1960 y
1981. (12) Esto hace necesario que el pediatra
asuma con mayor grado de conocimientos los
cuidados del niño discapacitado, con
necesidades especiales o con enfermedades
crónicas.
Pediatría
del comportamiento
La
mayoría de las quejas se refieren a
problemas de la rutina diaria, derivados de
una falta de consonancia entre las características
del niño (temperamento) y las expectativas
de sus padres o cuidadores.
•
Rechazo de alimentos
•
Resistencia a irse a dormir / despertar nocturno
• Entrenamiento de esfínteres
•
Comportamiento agresivo / oposicionista (negativismo,
pataletas, respuestas agresivas)
•
Excesiva dependencia de sus cuidadores (timidez,
aislamiento)
•
Hiperactividad
•
Hábitos indeseables (comerse las uñas,
succión pulgar, etc.)
•
Tareas escolares
Perspectivas
a futuro
Actualmente
la mayoría de las investigaciones en
desarrollo infantil en Chile son realizadas
por profesionales del área de educación
o psicológica, con una escasa ingerencia
de los profesionales médicos, especialmente
pediatras, lo que implica una visión
restringida de la génesis de los problemas
detectados, ya que se consideran escasamente
los factores biológicos implicados.
La investigación médica por
otra parte tiende a considerar sólo
tangencialmente los factores ambientales.
Las
universidades deben liderar la investigación
en los problemas que afectan a los niños,
lo que permitirá una mejor comprensión
del desarrollo infantil, permitiendo una visión
multidisciplinaria y un marco de acción
que integre factores biológicos y psicosociales,
optimizando la utilización de los recursos
humanos, económicos y sociales disponibles
en nuestra sociedad. La unificación
del conocimiento sobre el desarrollo del niño
influirá en la enseñanza, en
las ayudas y en la investigación. (13)
Desde
1978, la Academia Americana de Pediatría
y el Board Americano de Pediatría han
estado recomendando cambios en los programas
de especialización pediátrica
que mejoren la preparación de los futuros
pediatras para el adecuado manejo de estas
preocupaciones de las familias. Desde entonces
se ha exigido una “experiencia estructurada”
en pediatría del desarrollo y comportamiento
para la acreditación de los programas.
Desde 1996, aparte de un bloque de un mes
en la disciplina, se exige una exposición
longitudinal integrada a la práctica
ambulatoria y hospitalaria, mantenida durante
los 3 años de formación, que
los capacite para reconocer comportamiento
normal y anormal, entender el desarrollo desde
la infancia a la adultez joven, entender los
factores intrínsecos y extrínsecos
que influencian el desarrollo y diferenciar
entre comportamientos y alteraciones que pueden
ser tratados por un pediatra general de aquellos
que requieren ser referidos a especialistas.
Un
estudio publicado por Frazer y cols analiza
datos de 211 programas de especialización
en pediatría de los cuales 148 programas
(70%) contemplan formación en pediatría
del desarrollo y comportamiento, el 95% en
forma de bloques de rotaciones obligatorias,
y el 87% con un currículo formal. (14)
Los
alumnos de postgrado requieren una amplia
gama de experiencias para desarrollar estas
capacidades, lo que no puede lograrse a través
de contactos clínicos o consultas esporádicas.
El
desafío consiste en desarrollar escenarios
donde el médico en formación
pueda lograr esta experiencia.
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| Referencias |
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1
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