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| ISSN
0718-0918
Vol
2, N° 1, Abril 2005 |
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| Lipofuscinosis
Ceroidea Neuronal |
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Dr.
Felipe Méndez
(1), Dra. Paulina Mabe (2)
(1) Programa de Formación de especialistas
en Neurología,
Departamento de Pediatría y Cirugía
Infantil, Facultad de Medicina,
Universidad de Chile. |
|
| (2)
Instituto de Nutrición y Tecnología
en Alimentos (INTA), Universidad de Chile. |
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La
niñez es, por definición, una
etapa de crecimiento y desarrollo. Muchas consultas
en pediatría y neurología pediátrica
se relacionan con el retraso en la adquisición
de nuevas habilidades, estimándose que
los trastornos del desarrollo afectan a alrededor
del 10% de la población infantil. Mucho
menos frecuentes, pero más dramáticos,
son los casos en que existe pérdida progresiva
de habilidades. Frente a esta situación,
habiéndose descartado tumor o hidrocefalia,
deben investigarse causas genéticas,
alteraciones metabólicas, infecciones
y acción de tóxicos. En ese contexto,
las lipofuscinosis ceroides neuronales se consideran
el trastorno neurodegenerativo de depósito
más frecuente de la infancia (1, 2).
Las
lipofuscinosis ceroideas neuronales (LCN, y
en inglés NCL) son un grupo de enfermedades
neurodegenerativas con herencia autosómica
recesiva (3), que se presentan principalmente
en la infancia y adolescencia, caracterizadas
por síntomatología variable que
incluye convulsiones, deterioro cognitivo, pérdida
visual y/o atrofia cerebral. El curso es habitualmente
progresivo, con desarrollo de demencia que lleva
a la muerte (4). Desde el punto de vista neuropatológico
se caracterizan por la acumulación progresiva
de lipofuscina, un lipopigmento autofluorescente,
en neuronas y otros tejidos.
Producidas
por mutaciones en distintos genes, estas enfermedades
presentan en conjunto una prevalencia de 0,1
a 7 por cada 100.000 recién nacidos vivos
(3). En la población finlandesa se ha
observado una prevalencia de 1 por cada 12.500
recién nacidos vivos (5).
Historia
La
descripción original fue realizada
en 1826 por Stengel en Noruega, y la primera
sistematización y correlación
anatomoclínica la hizo el médico
francés Frederick Batten en 1903, por
lo que el cuadro llevó inicialmente
su nombre. Se consideró en un principio
como una variante de la enfermedad reportada
por Sachs en 1887. Sin embargo, fue el mismo
Batten quien en 1914 concluyó que este
cuadro no tenía relación con
la enfermedad de Tay-Sachs, sino que correspondía
a una entidad clínica nueva (6).
Las
lipofuscinosis fueron agrupadas inicialmente
bajo el nombre de “idiocia familiar
amaurótica”, intentando destacar
así sus dos principales características:
compromiso intelectual y visual. En el año
1969, Zeman y Dyken acuñaron el término
“lipofuscinosis ceroidea neuronal”
y luego de múltiples descripciones
de otras patologías que compartían
características similares, se propuso
la primera clasificación realizada
por Norman y Wood. Con posterioridad se han
planteado otras, a medida que se han identificado
los materiales de depósito intracelular.
En
1998, Wisniewski (7) propuso una clasificación
en la que distingue cinco grupos principales,
separados de acuerdo a las características
clínicas y a la edad de inicio de los
síntomas de cada patología.
Esta clasificación se ha ido actualizando
con el aporte de la genética y de la
morfología microscópica (4).
El
término lipofuscinosis ceroidea neuronal
se ha mantenido, enfatizando la presencia
de acumulación de lipofuscina, pese
a que no es la causa del daño celular.
Patogenia
La
lipofuscina es un polímero intralisosomal
compuesto de lipoproteínas residuales
de procesos oxidativos. Frecuentemente llamada
el “pigmento de la edad”, es considerada
el marcador del envejecimiento, ya que aumenta
con la edad de un modo casi lineal, observándose
frecuentemente en células parenquimatosas
de órganos o tejidos con atrofia normal
o patológica, neuronas del sistema
nervioso central y de ganglios simpáticos,
en la zona fascicular de la corteza suprarrenal
y en el epitelio de las vesículas seminales
(8). Su nombre viene del griego lipo (grasa)
y del latín fuscus (oscuro). Los productos
de desecho celular se acumulan en autofagosomas.
A éstos se unen lisosomas constituyéndose
los autofagolisosomas, en los que se realiza
la degradación a productos que vuelven
a ser utilizados por la célula. Este
es un proceso fisiológico donde teóricamente
no debería sobrar nada, sin embargo
se produce una desviación hacia la
peroxidación de lípidos con
formación de ácidos grasos insaturados,
que se acumulan como residuos visibles al
microscopio de luz bajo la forma de gránulos
de lipofuscina. La sudanofilia se va perdiendo
en estos gránulos a medida que los
ácidos grasos no saturados se van transformando,
dando origen a este pigmento autofluorescente
amarillo-café (8).
En
las lipofuscinosis el depósito de material
proteico en lisosomas de distintos grupos
celulares toma una forma característica
según el tipo de LCN estudiada. Pese
a que estos cúmulos se producen en
distintas células, la muerte celular
aparece específicamente en neuronas
del sistema nervioso central y de la retina,
aparentemente por la inexistencia de actividad
mitótica de éstas. Se han obtenido
distintos modelos animales (en especial ratas)
que presentan las mutaciones descritas para
las variantes de LCN. Al estudiar estos modelos
se aprecia que la aparición del cuadro
clínico es similar entre los distintos
modelos y se correlaciona estrechamente con
el humano, lo que hace plantear que existe
un momento crítico en que se activan
los mecanismos de destrucción celular
que llevan a la expresión clínica,
hipótesis que en la actualidad es objeto
de estudio, dado que tiene la potencialidad
de convertirse en una ventana terapéutica
(9).
Genética
Las
lipofuscinosis son cuadros de herencia autosómica
recesiva, a excepción del tipo 4 (LCN4),
que podría heredarse de forma autosómica
dominante (10). En los años 90 fueron
identificados cinco genes asociados a estas
patologías, como también la
secuencia y función de los productos
proteicos de los genes para LCN1 y LCN2. Posteriormente
se completó la identificación
de seis genes (LCN1, LCN2, LCN3, LCN5, LCN6
y LCN8) (11), se identificaron los productos
de LCN3, LCN5 y LCN8, y se avanzó en
la identificación de al menos 150 mutaciones
diferentes en los genes descritos, asociadas
a diversos fenotipos (12). Estas mutaciones
se encuentran actualizadas en la base de datos
MRC Laboratory for Molecular Cell Biology,
University College London (www.ucl.ac.uk/ncl/).
A
pesar de que la investigación ha aportado
nuevos conocimientos en torno a las LCN, queda
aún mucho por dilucidar tanto en relación
a otros genes y mutaciones implicados, como
a sus productos proteicos.
Cuadro
clínico
En
función de la edad de comienzo, el
curso clínico y la morfología
ultraestructural, las LCN se han clasificado
en cuatro tipos principales:
1.
LCN infantil (enfermedad de Haltia-Santavuori,
LCN1), hallada predominantemente en Finlandia.
2.
LCN infantil tardía (enfermedad de
Jansky-Bielschowsky, LCN2).
3.
LCN juvenil (enfermedad de Batten, enfermedad
de Spielmeyer-Vogt-Sjorgen, LCN3).
4.
LCN del adulto (enfermedad de Kufs)
Se
han descrito además variantes o formas
atípicas que representan alrededor
de un 20% de las LCN en diferentes poblaciones,
generalmente distribuidas entre los grupos
infantil tardío y juvenil. Para la
forma infantil tardía se han descrito
la variante finlandesa (LCN5) (13,14) y la
variante LCN6 (15). Existe otra variante conocida
como LCN8, epilepsia del norte o epilepsia
progresiva con retardo mental (EPRM). Los
casos de la forma turca infantil tardía
pueden representar variantes de la EPRM. Resumen
en Tabla 1.
1.LCN1
o lipofuscinosis aguda infantil (Santavuori-Haltia).
Su
primera descripción fue realizada por
Muldegrer en 1903. Sin embargo, fue Santavuori
en 1973 quien sistematizó y dio su
nombre al cuadro (15).
Se
inicia habitualmente entre los 6 meses y los
2 años de vida con aparición
relativamente aguda de déficit motor,
hipotonía e irritabilidad, a los que
siguen crisis convulsivas, generalmente mioclonías,
ataxia y finalmente ceguera y grave compromiso
cognitivo. Se acompaña de microcefalia
adquirida y atrofia cerebral severa con pérdida
neuronal en la corteza cerebral y cerebelosa,
en la médula espinal y tronco cerebral
(4). La mayoría de los pacientes fallece
entre los 5 y 10 años.
La
enfermedad de Santavuori-Haltia se relaciona
con diversas mutaciones en el gen LCN1, en
el cromosoma 1p32, de las cuales hay al menos
41 descritas hasta ahora (11) y que determinan
el déficit de una enzima lisosomal
denominada tioesterasa proteinopalmitoil 1
(o PPT1). El diagnóstico se establece
midiendo la actividad de esta enzima en leucocitos
y cultivos de fibroblastos, aunque también
se puede realizar mediante la genética
molecular, identificando las mutaciones del
caso índice.
En
la resonancia magnética de encéfalo
lo más característico es la
pérdida de intensidad de señal
talámica en secuencias T2, adelgazamiento
del cuerpo calloso y aumento de señal
periventricular, seguidos de atrofia cerebelar
y atrofia cerebral difusa que se estabiliza
alrededor de los 4 años. Posteriormente
se describe un aumento difuso de señal
de sustancia blanca y en la espectroscopía
se aprecia pérdida de N-acetil-aspartato
y reducción de creatina con aumento
de mioinositol y lactato en sustancia gris
y blanca. En el SPECT (Single Photon Emission
Computed Tomography) se describe hipoperfusión
cerebelar y cerebral progresiva con conservación
de la perfusión de ganglios basales
(10).
El
estudio enzimático se recomienda como
primer análisis frente a la sospecha
clínica. Si hay deficiencia de actividad
enzimática, se hace estudio molecular.
El diagnóstico de aproximación
se establece con el análisis histológico
de muestra de piel - donde se observan predominantemente
depósitos osmofílicos granulares
en la microscopía electrónica
- y se confirma midiendo la actividad de esta
enzima en leucocitos y cultivos de fibroblastos.
También puede realizarse mediante genética
molecular (10).
2.LCN2
o lipofuscinosis infantil tardía. (Bielschowsky-Jansky).
Conocida
como enfermedad de Bielschowsky, su primera
descripción fue realizada en 1908 por
Jansky. Se caracteriza por iniciarse entre
los 2 y 4 años con crisis tónico-clónicas
generalizadas, ausencias o crisis parciales
secundariamente generalizadas, aunque su característica
típica es la mioclonía, que
aparece posteriormente junto a pérdida
cognitiva, ataxia, mioclonías, signos
extrapiramidales y piramidales, y deterioro
rápidamente progresivo de la visión
por atrofia óptica. Las crisis convulsivas
se asocian a pérdida o falta de adquisición
de habilidades del desarrollo psicomotor.
El paciente puede fallecer en este primer
episodio o derivar a estado vegetativo permanente
por años.
Las
neuroimágenes muestran atrofia cerebral
y cerebelosa progresiva con indemnidad de
tálamos y ganglios basales (12).
La
tomografía por emisión de positrones
(PET) muestra hipometabolismo generalizado
de la glucosa (10) y en el análisis
histológico se observan depósitos
de citosomas curvilíneos, aunque puede
haber inclusiones lisosomales mixtas (12).
La
lipofuscinosis infantil tardía se debe
a diversas mutaciones en el gen LCN2 ubicado
en el cromosoma 11p15, que determinan la deficiencia
de una enzima lisosomal, la tripeptidil-peptidasa
o TPP1. Hasta ahora hay al menos 52 mutaciones
descritas (11).
Los
estudios neurofisiológicos son importantes
para el diagnóstico. El electroencefalograma
(EEG) se altera precozmente, presentando una
disfunción lenta difusa asociada a
actividad epileptiforme multifocal y descargas
de punta-onda y poliespiga-onda interictales
e ictales. Con la estimulación fótica
de baja frecuencia (1 a 2 Hz) se obtiene una
respuesta característica de puntas
de alto voltaje (mayor a 200 mV) en regiones
posteriores, seguidas de una onda lenta que
corresponde a un potencial evocado visual
gigante El electrorretinograma es usualmente
anormal desde el inicio del cuadro con extinción
precoz de la respuesta por alteración
de conos y bastones (16, 17, 18).
El
diagnóstico de LCN2 se puede confirmar
a través de la medición de la
actividad de la TPP1 en linfocitos o fibroblastos.
El diagnóstico prenatal se realiza
mediante el análisis de la actividad
enzimática en vellosidades coriales
o líquido amniótico, o mediante
la búsqueda de mutaciones de los casos
índice y los portadores (12).
3.LCN3
o lipofuscinosis juvenil crónica (Spielmayer-Vogt-Batten)
Conocida
como enfermedad de Batten, en honor al responsable
de la primera descripción realizada
en 1903, es la más común de
las lipofuscinosis en la población
norteamericana, correspondiendo al 45 a 52%
de los casos. Tiene característicamente
dos formas fenotípicas, la clásica
(OMIM 204200) y la retardada o tardía
(12). En la forma clásica los primeros
síntomas aparecen entre los 4 y 7 años
de vida, con pérdida progresiva de
la capacidad visual, apreciándose degeneración
pigmentaria de la retina y atrofia óptica.
Posteriormente se hace evidente el deterioro
intelectual progresivo, con trastornos del
habla, pérdida de las funciones cognitivas
y crisis convulsivas tónico-clónicas
generalizadas o parciales complejas, raramente
mioclónicas (10). En la segunda década
de la vida se hacen más prominentes
los trastornos de comportamiento, signos extrapiramidales
y trastornos del sueño.
En
el estudio histológico de tejido rectal,
piel y conjuntivas son característicos
los linfocitos vacuolados y citosomas en forma
de huella digital (10).
Las
neuroimágenes pueden mostrar atrofia
cerebral y sólo tardíamente
cerebelosa. No existe aún una alteración
enzimática identificada pero se sabe
que el gen LCN3 se encuentra en el cromosoma
16p12 y codifica para una proteína
estructural del lisosoma (4), habiéndose
descrito hasta ahora 31 mutaciones asociadas
a distinta presentación clínica
(11).
4.LCN4,
lipofuscinosis crónica del adulto (Enfermedad
de Kufs).
Descrita
por Kufs en 1925, los síntomas iniciales
aparecen alrededor de los 30 años,
siendo una de sus características relevantes
la indemnidad ocular. Clásicamente
existen 2 fenotipos: un cuadro caracterizado
por epilepsia mioclónica progresiva
con demencia, ataxia y signos piramidales
y extrapiramidales tardíos, y otro
con trastornos del comportamiento y demencia
que se pueden asociar a ataxia y signos extrapiramidales
(9). En la microscopía electrónica
se observan inclusiones mixtas lisosomales.
Su
genotipo es desconocido ya que el gen LCN4
aún no se ha tipificado.
Formas
atípicas o variantes
1.LCN5,
lipofuscinosis infantil tardía (variante
finlandesa).
Se
manifiesta más tardíamente que
la forma infantil tardía (Jansky-Bielchowsky)
clásica, entre los 4 y 7 años
de edad, con características clínicas
muy similares a esta forma, pero a diferencia
de ella el compromiso ocular es el síntoma
más relevante. En el análisis
por microscopía electrónica
se observa material de inclusión del
tipo cuerpos rectilíneos y en huella
digital. El gen, cuyo defecto causa la enfermedad,
se encuentra en el cromosoma 13q22 y, aunque
ya se han descrito al menos cuatro mutaciones,
aún se desconoce la función
de su producto (11).
2.LCN6,
lipofuscinosis infantil tardía (variante
checa o gitana o india).
Esta
forma de lipofuscinosis es más frecuente
en poblaciones gitanas europeas. El gen asociado,
LCN6, está ubicado en el cromosoma
15q21-23, existiendo 18 mutaciones conocidas
hasta ahora. Su producto proteico está
siendo caracterizado (11).
Respecto
al cuadro clínico, predominan los síntomas
motores sobre los oculares. En la microscopía
electrónica es posible observar inclusiones
celulares mixtas: citosomas curvilíneos,
en huella digital y cuerpos rectilíneos.
3.LCN7,
lipofuscinosis infantil tardía (variante
turca).
Descrita
el año 1999, se inicia entre el primer
y sexto año de vida, con pérdida
de las habilidades motrices, deterioro visual
y deterioro cognitivo. Se han registrado 14
pacientes, todos turcos y la mayoría
con relación de parentesco (19).
El
gen LCN7 no ha sido aún mapeado ni
su producto proteico definido. En algunos
de los pacientes inicialmente descritos se
ha observado una mutación alélica
de LCN8 y deben, por lo tanto, realizarse
estudios para demostrar si esta patología
existe como una entidad clínica separada
(10). En la histología se observan
inclusiones celulares mixtas: citosomas curvilíneos,
en huella digital y cuerpos rectilíneos.
4.LCN8,
LCN infantil tardía (epilepsia del
norte).
Descrita
en 1999, se presenta clínicamente con
epilepsia tónico-clónica o parcial
compleja con retardo mental y disfunción
motriz. Los síntomas se presentan entre
los 5 y 10 años de vida (20).
El
gen LCN8 se encuentra en el cromosoma 8p23
y codifica para una proteína estructural
del retículo endoplásmico (21).
Se han descrito 5 mutaciones con gran variabilidad
fenotípica (7).
El
diagnóstico se realiza por medio del
análisis histológico, en que
se detectan inclusiones celulares o depósitos
granulares osmofílicos, y se confirma
por medio del análisis de las mutaciones
del gen LCN8.
Diagnóstico
El
primer pilar del diagnóstico de una
lipofuscinosis es el cuadro clínico,
que característicamente se presenta
como un trastorno rápido o más
lentamente progresivo, con alteraciones visuales,
epilepsia, demencia y/o alteraciones motrices,
con inicio a distintas edades. Alrededor de
un 20% de los casos no se enmarca claramente
en esta descripción (10).
Existe
consenso en la utilidad del estudio por microscopía
electrónica de leucocitos o piel, en
busca de las inclusiones características,
aunque existen falsos negativos. Según
la sospecha diagnóstica, deben realizarse
dirigidamente los estudios enzimáticos
y de genética molecular disponibles.
Dada
la variabilidad de las presentaciones clínicas
en las distintas poblaciones, debe considerarse
la etnia del paciente.
Tratamiento
No
existe un tratamiento específico. El
manejo se orienta desde las fases iniciales
a mejorar la calidad de vida del paciente
y su familia con medidas generales y de sostén.
Se ha recomendado el aporte de selenio y vitamina
E, aunque no existen aún estudios randomizados
que permitan demostrar su efectividad (4).
El uso de lamotrigina y carbamazepina ha demostrado
cierta efectividad para el control de las
crisis epilépticas (22).
El
trasplante de células madre o troncales
(stem cells) ha mostrado una desaceleración
leve del deterioro cognitivo y visual en tres
casos de la forma aguda infantil. La actividad
de la enzima PPT1 se normalizó en leucocitos
periféricos, pero se mantuvo en niveles
bajos en el LCR. Todos los pacientes que lo
recibieron desarrollaron la enfermedad a la
edad de 2 o 3 años (23). No hay evidencias
sobre la utilidad del trasplante de médula
ósea (24).
Otros
tratamientos en etapa de investigación,
como reemplazo enzimático, terapia
génica, administración de cisteamina
no han mostrado aún efectos beneficiosos.
La cisteamina, aprobada para el uso en cistinosis,
también una enfermedad de depósito
lisosomal, provoca in vitro disrupción
del enlace proteolipídico y reducción
de los depósitos lisosomales, y previene
la apoptosis en células de pacientes
con deficiencia de PPT1 (24).
Durante
la última década se han realizado
extraordinarios progresos en la tipificación
y el conocimiento de los mecanismos patogénicos
involucrados en estas enfermedades. La esperanza
para el futuro es encontrar un tratamiento
que evite la progresión del deterioro
neurológico, para lo cual el desarrollo
de modelos animales de la enfermedad ha sido
crucial. Tan importante como lo anterior se
considera el estudio de los pacientes afectados,
en relación a la tipificación
y curso de la clínica en las diversas
formas y al control del grado de progresión.
En la medida que se desarrollen terapias específicas
para estas enfermedades será esencial
realizar el diagnóstico correcto en
forma precoz, antes que el daño irreversible
haya ocurrido.
Agradecimientos:
A la Dra. María de los Ángeles
Avaria por su contribución, sugerencias
y corrección del texto.
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