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ISSN
0718-0918
Vol
2, N° 1, Abril 2005
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| Virus
de inmunodeficiencia humana y complicaciones neurológicas
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Dra.
Tatiana Muñoz
Programa de Formación de especialistas
en Neurología,
Departamento de Pediatría y Cirugía
Infantil, Facultad de Medicina,
Universidad de Chile. |
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La
infección por virus de inmunodeficiencia
humana (VIH) se ha transformado en una pandemia,
especialmente en mujeres y niños, grupos
en los que ha aumentado en forma alarmante la
seroprevalencia. De los 37.8 millones individuos
portadores de la infección (VIH) o la
enfermedad (SIDA) estimados a diciembre del
2003, el continente africano concentra la mayor
proporción de pacientes VIH/SIDA (25
millones). Pese a que el número de infectados
y enfermos de América Latina parece significativamente
inferior (1,6 millones), éste supera
las cifras de Norteamérica, El Caribe
y Europa occidental. La organización
mundial de la salud (OMS) informó de
2.1 millones de niños con VIH/SIDA en
diciembre del año 2003, con 630.000 infecciones
nuevas cada año y 490.000 fallecimientos
anuales en niños por esta causa (1).
Las complicaciones
neurológicas en pacientes con SIDA fueron
descritas en adultos en 1983 (2). Un año
después se publicaron las primeras descripciones
de encefalopatía asociada a SIDA en niños
(3). En relación al compromiso neurológico
en VIH/SIDA se estima que hasta el 90% de los
individuos infectados tendrán algún
compromiso del sistema nervioso central (SNC)
(4), desde una infección subclínica,
déficit cognitivo-motor sutil, o una
demencia grave. En niños en una serie
de 340 pacientes con SIDA adquirido por transmisión
vertical se describe una incidencia de alteraciones
neurológicas de 49%, siendo en muchos
de los casos la forma de presentación
de la enfermedad (5).
Historia
natural del VIH/SIDA pediátrico
La
gran mayoría de los niños con
VIH son infectados por transmisión
vertical. El riesgo de infección vertical
es de alrededor de 25%, con un rango estimado
de 13-43% según la región (6);
este riesgo disminuye a 2% o menos si se toman
las medidas adecuadas relacionadas a tratamiento
antirretroviral oportuno y abstención
de lactancia materna (7, 8). Cuando ocurre
transmisión vertical, 26-38% sucede
durante la gestación y 65-74% durante
el parto (9). En cuanto a la lactancia, ésta
aumenta el riesgo de infección de 14%
a 16% (10). Estos datos hacen de gran relevancia
la implementación de programas dirigidos
al diagnóstico prenatal e intervenciones
preventivas.
El
diagnóstico de infección en
un hijo de madre VIH depende de la edad. En
lactantes menores de 18 meses, el cultivo
de VIH es considerado el examen de elección
(11), sin embargo, la reacción de polimerasa
en cadena (PCR) se utiliza más frecuentemente
por ser un método más accesible,
más rápido y de sensibilidad
similar al cultivo. La sensibilidad de PCR
para VIH es 38% el primer día de vida,
93% el día 14, y 96% el día
28. Se requieren dos exámenes positivos
para hacer diagnóstico con un 98.5%
de certeza. A aquellos pacientes con 2 PCR
negativas pero con antecedentes de infección
materna se debe realizar análisis de
ELISA a los 18 meses a modo de confirmación
(7).
En
niños mayores de 18 años el
diagnóstico se realiza de igual manera
que en adultos, mediante 2 análisis
de ELISA positivos confirmados con estudio
de Western Blot positivo para anticuerpo específico
para VIH. Este examen tiene falsos positivos
de 1:400.000 (12).
De
acuerdo al estudio de Moroni et al (13), dejada
a su curso natural la enfermedad puede tener
dos tipos de evolución: un curso rápido
que se observa en 20% de los niños
en el cual las manifestaciones clínicas
e inmunológicas del SIDA se presentan
antes del año de vida (curso rápido),
con fallecimiento a causa de las complicaciones
asociadas entre el primer y cuarto año
de vida. Un segundo grupo de niños
tiene un curso más lento, con supervivencia
de 75% al quinto año de vida, y una
sobrevida promedio total de 9 -10 años.
Con
el uso precoz de terapia antirretroviral se
ha observado un aumento en las expectativas
de vida y una disminución de las complicaciones
conocidas, entre las cuales las neurológicas,
específicamente la encefalopatía,
muestra una disminución de incidencia
de 16-30% a un 4%.
Neuropatología
La
infección por VIH en adultos se produce
en un cerebro completamente desarrollado,
a diferencia de la infección por transmisión
vertical que afecta a un sistema nervioso
que está en pleno desarrollo. Esto
explicaría los diferentes efectos del
VIH en niños en comparación
a los adultos (13).
Un
aspecto relevante es el estado inmunológico
del paciente. Así, se han observado
diferencias en el compromiso neurológico
entre los niños que adquieren el virus
en forma vertical y aquellos que se infectan
posteriormente cuando y tienen un sistema
inmunológico completamente desarrollado.
La
vía por la cual el virus accede al
SNC no está totalmente definida. Se
ha sugerido que el virus ingresa a través
de monocitos y macrófagos de sangre
periférica, hipótesis que es
apoyada por el hallazgo frecuente de calcificaciones
de los ganglios de la base (14). Otra posibilidad
es la invasión directa como virus libre
a través del plexo coroidal o a través
de las células endoteliales.
Mecanismos
neuropatológicos
Los
mecanismos a través de los cuales la
infección por VIH produce daño
en el sistema nervioso no están completamente
aclarados. Estudios realizados en cerebros
de niños fallecidos por infección
HIV demuestran que el virus infecta principalmente
macrófagos y microglía, ubicados
en ganglios basales, núcleo subatalámico,
sustancia nigra, núcleo dentado y sustancia
blanca (15). Estas células expresan
receptores CD4+ y B citoquinas (CCR5 y CXCR4)
que permiten que el virus ingrese a ellas
(13).El principal hallazgo neuropatológico
asociado a la encefalitis VIH corresponde
a la formación de células gigantes
multinucleadas que serían producto
de la fusión de macrófagos y
microglía infectadas y no infectadas.
Los astrocitos incorporan el virus a través
de receptores CCR5 y CXCR4; actúan
como reservorio viral, diseminando el virus
a macrófagos y micloglía (16).
La
exposición de neuronas al líquido
extracelular de macrófagos y astrocitos
infectados que contienen altas concentraciones
de proteínas virales, citoquinas y
productos celulares tóxicos, producen
excesiva activación de receptores de
glutamato, particularmente los receptores
N-metil-D-aspartato (NMDA) con un incremento
del flujo de calcio a la célula y muerte
neuronal (17).
Se
han identificado tres factores virales responsables
de estos procesos:
1.
La glicoproteína de la envoltura viral,
o Gp120, que promueve el estrés oxidativo
e induce apoptosis neuronal.
2.
La proteína reguladora no estructural
del virus VIH, Tat, neurotóxica en
cultivos de neuronas fetales humanas mediante
activación de receptores de glutamato
(kainato) y productora de estrés oxidativo
por disminución de la actividad de
la enzima manganeso superóxido dismutasa.
3.
El factor de necrosis tumoral alfa y ácido
araquidónico. Los macrófagos
infectados con VIH y activados por astrocitos
producen citoquinas altamente neurotóxicas
como son el factor de necrosis tumoral a,
IL 1ß, IL1a, IL6, factor activador plaquetario,
leucotrienos (LTB4, LTD4), lipoxina A y ácido
araquidónico, que según diversos
estudios alcanzan mayores concentraciones
en cerebro y LCR de los pacientes con encefalopatía
(18).
Estudios
in vitro en neuroblastomas han demostrado
que existiría daño neuronal
por acción directa del virus, mediado
por proteínas de la cubierta viral
como mecanismo independiente de la intervención
de macrófagos o microglía (19).
Cuadro
Clínico
Las
manifestaciones neurológicas en niños
infectados por VIH pueden dividirse en cuatro
grandes grupos.
1.
Enfermedad neurológica primaria: asociada
a la acción directa o indirecta del
retrovirus en el SNC.
2.
Complicaciones secundarias a inmunodepresión
(infecciones, neoplasias, enfermedad cerebrovascular)
3.
Complicaciones sistémicas del VIH:
causas metabólicas, endocrinológicas,
otras.
4.
Complicaciones tóxico/metabólicas
de la terapia antirretroviral.
Compromiso
neurológico primario
El
compromiso neurológico primario es
un síndrome clínico complejo
que se manifiesta por grados variables de
retraso cognitivo, motor y alteraciones del
comportamiento.
La
complicación neurológica más
frecuente en niños es la encefalopatía.
La incidencia de ésta en una serie
de 766 niños con infección vertical
fue de 23%, con una edad promedio al diagnóstico
de 19 meses y una sobrevida promedio de 22
meses (21). En una serie menor de 127 niños
infectados la prevalencia de encefalopatía
fue de 21% con una edad promedio de diagnóstico
de 14 meses (14).
Según
su perfil evolutivo el compromiso encefalopático
puede ser progresivo o estático. La
encefalopatía progresiva de acuerdo
a la velocidad de progresión y gravedad
de compromiso del desarrollo de SNC puede
ser subdividida en encefalopatía subaguda
y encefalopatía lentamente progresiva.
(14).
Encefalopatía
progresiva asociada a VIH
La
encefalopatía progresiva (EP) asociada
a VIH con evolución subaguda es la
forma más grave. Se manifiesta por
un síndrome piramidal bilateral, tetraparesia,
microcefalia adquirida y pérdida de
hitos del desarrollo psicomotor. Posteriormente
se hace más evidente el deterioro cognitivo,
con mayor compromiso de lenguaje expresivo
que comprensivo, y compromiso de las conductas
adaptativas. También pueden observarse
alteraciones del movimiento, como rigidez,
posturas distónicas, temblor (21).
En
la forma en meseta, o lentamente progresiva,
el deterioro del desarrollo psicomotor es
más lento, manifestándose por
una muy lenta adquisición de habilidades.
Algunos niños después de un
periodo variable de EP en meseta, presentan
cierta mejoría funcional, semejando
una encefalopatía estática (EE),
fenómeno que se ha relacionado con
la implementación de mejores programas
antirretrovirales.
Encefalopatía
estática
En
esta forma la adquisición del lenguaje
y del desarrollo psicomotor en general ocurren
a un ritmo más lento, sin observarse
pérdida de hitos (14).
El
compromiso encefalopático se ha relacionado
con una mayor carga viral y mayor grado de
inmunosupresión, con la consiguiente
mayor morbilidad asociada, hospitalizaciones
por año (21) y menor sobrevida que
los niños sin encefalopatía
(22).
Los
niños infectados por el virus requieren
evaluaciones neuropsicológicas periódicas,
ya que éstas han mostrado una buena
correlación con el grado de encefalopatía
y progresión de la enfermedad. En 722
niños sin tratamiento antirretroviral
se realizó una evaluación cognitiva
al inicio del estudio y una segunda 48 meses
más tarde. Se observó que 56%
de los pacientes con coeficiente intelectual
(CI) menor a 70 presentaban progresión
del compromiso neurológico, en tanto
que en los niños con CI 70-89 el deterioro
se observaba sólo en 26% de ellos y
en los que tenían CI superior a 90
sólo en 18%. Las alteraciones descritas
incluyen disminución de habilidades
manuales y cognitivas, velocidad de procesamiento
de información, atención, lenguaje
y memoria verbal (23).
Complicaciones
secundarias
-Infecciones
oportunistas. Un segundo grupo de
manifestaciones neurológicas corresponden
a las complicaciones secundarias, dentro de
las cuales se encuentran las infecciones oportunistas
que ocurren principalmente en pacientes con
mayor inmunosupresión, con una prevalencia
menor a la observada en adultos (17). Los
microorganismos involucrados incluyen hongos:
meningitis y abscesos por Cándida albicans;
parásitos: Toxoplasma gondii; bacterias:
Mycobacterium tuberculoso, Treponema pallidum,
Bartonella, Nocardia; y entre los virus destacan
los virus herpes simple, herpes zoster, citomegalovirus
y JC (siglas, en relación al nombre
de primer paciente en que fue aislado).
El
virus JC de la familia de los poliomavirus
se ha identificado como agente etiológico
de la leucoencefalopatía multifocal
progresiva, cuadro desmielinizante del SNC,
que afecta hemisferios cerebrales y cerebelo.
La clínica depende de la localización
de los focos de desmielinización, siendo
la presentación típica un compromiso
cognitivo progresivo y alteraciones visuales
en el contexto de un paciente con inmunodepresión
grave.
-Enfermedad
Cerebrovascular (ECV). Los niños
VIH positivos tienen una mayor prevalencia
de ECV que aquellos niños no infectados.
Los mecanismos fisiopatológicos involucrados
incluyen un efecto directo del virus en las
paredes de vasos sanguíneos, embolías
cardiogénicas, trombocitopenia y vasculitis
post infecciosa (24, 25).
En
un estudio que reunió a 426 pacientes
VIH positivos con edad promedio de 5 años,
se evaluaron, a través de resonancia
nuclear magnética, lesiones compatibles
con enfermedad cerebrovascular, las que fueron
encontradas en 2.6% de ellos, la mayoría
sin correlato clínico (23). Sin embargo,
estudios en autopsias de casos pediátricos
han informado de cifras de hasta 25% (26).
-Neoplasias.
El tumor maligno más común
en niños y adultos VIH positivos es
el linfoma no Hodgkin, primario o secundario,
del SNC. Debe sospecharse frente a la presencia
de déficit neurológico focal,
convulsiones y alteraciones del estado de
conciencia (27).
-Anormalidades
del Sistema Nervioso Periférico. Son
infrecuentes en niños. La alteración
más frecuente es la polineuropatía
axonal distal simétrica, en pacientes
con una disminución del recuento de
CD4. Los mecanismos fisiopatológicos
implicados incluyen la participación
de TNF-a, IL-1, IL-6 producidos por macrófagos
infectados que infiltran nervios periféricos
y ganglios dorsales. Hasta el momento no hay
datos de incidencia de la polineuropatía
en la era de la terapia antirretroviral, reconociéndose
la asociación entre estas drogas y
la neuropatía periférica, por
lo que es improbable que ésta disminuya
en los próximos años (28).
-Los
trastornos psiquiátricos encontrados
con mayor frecuencia son depresión
en un 47% y trastornos de la atención
en 29% (29).
El
curso crónico de la enfermedad, hospitalizaciones
frecuentes, enfermedad o fallecimiento de
familiares, estigmas sociales de la infección
por VIH y la coexistencia de alteraciones
endocrinológicas y metabólicas,
son algunas de las situaciones implicadas
en el desarrollo de un cuadro depresivos.
Los síntomas observados habitualmente
son labilidad emocional, cambios de humor,
agitación e impulsividad. En relación
al avance de la enfermedad, se han publicado
casos de psicosis aguda, confusión,
agitación, delirio y manía (28).
Existen
alteraciones que muchas veces son inadvertidas
por los pacientes, entre ellas se encuentra:
la disminución de las habilidades motoras
finas y gruesas, hipotonía de extremidades
y disminución del coeficiente intelectual,
el que puede variar desde CI normal limítrofe
a retardo mental severo (30).
Estudios
de laboratorio (electroencefalogra-ma, potenciales
evocados, líquido cefalorraquídeo)
de pacientes VIH con retraso del desarrollo
psicomotor y disfunciones neurológicas
son habitualmente no específicos o
normales (31).
En
cuanto a las neuroimágenes, éstas
tienen un importante rol en el estudio de
SNC. Los hallazgos más frecuentemente
encontrados en resonancia nuclear magnética
o tomografía axial computada son atrofia
cerebral en un 45%, calcificaciones de ganglios
basales 9% y alteraciones de sustancia blanca
9% (32).
En
resonancia magnética cerebral con espectroscopía,
hay un significativo aumento de mioinositol
y colina, con una disminución de N-Acetil
aspartato de la sustancia blanca y los ganglios
basales, lo que traduce injuria o muerte neuronal.
En la sustancia gris no se observan diferencias
significativas (33). Los hallazgos descritos
son de especial relevancia dado que preceden
a las manifestaciones clínicas de encefalopatía
o de alteraciones estructurales en otro tipo
de neuroimágenes.
Tratamiento
El
tratamiento de los pacientes infección
VIH/SIDA exige la participación de
un equipo multidisciplinario.
La
intervención que hasta ahora ha demostrado
mejores resultados terapéuticos, es
el uso de fármacos antiretrovirales,
los cuales intervienen en el control de la
replicación viral. Se clasifican en
inhibidores de la transcriptasa reversa, no
inhibidores de la trascriptasa reversa e inhibidores
de la proteasa. Tabla
1.
En
el tratamiento de complicaciones neurológicas
se prefiere el uso de inhibidores nucleósidos
de la transcriptasa reversa, específicamente
zidovudina y abacavir, ya que tienen la propiedad
de cruzar la barrera hematoencefálica,
debido a su bajo peso molecular e hidrosolubilidad.
Estos fármacos disminuyen la carga
viral en plasma y líquido cefalorraquídeo.
El
inicio precoz de terapia retroviral disminuye
la incidencia de encefalopatía en niños
HIV positivo y mejora la sobrevida en aquellos
que ya la presentan.
En
un estudio retrospectivo (34) de 189 niños
con infección vertical se demostró
que 14% de los niños con diagnóstico
de encefalopatía que iniciaron tratamiento
con zidovudina experimentaron mejoría
en examen neurológico, el cual aumentó
a 19% con el uso de más de un antiretroviral.
Otros reportes describen que el uso continuo
de zidovudina endovenosa por 6 meses en niños
con encefalopatía mejoraría
el CI en 15 puntos (35). También se
ha descrito mejoría desde el punto
de vista neurorradiológico, que constata
disminución de la atrofia cerebral,
tras 6 meses de tratamiento intensivo (36).
En
relación al desarrollo de nuevas alternativas
terapéuticas, destacan aquellos orientados
al uso de mediadores inflamatorios del daño
cerebral, bloqueadores de canales de calcio,
antagonistas de receptores NMDA e inhibidores
de citoquinas (18), mecanismos que van principalmente
orientados a la prevención del daño
tisular. Requieren mayores investigaciones
para su implementación masiva.
Prevención
|
Tabla
2. Fármacos en desórdenes
neurológicos asociados a infección
VIH/SIDA. |
| |
• VIH asociado
a encefalopatía progresiva
Uno
o más agentes antiretrovirales
que penetran SNC, teniendo
relación LCR/plasma mayor
a 0.2 (Zidovudina o Neverapina)
• Psicosis Neurolépticos
Psicoterapia
• Depresión Antidepresivos
Psicoterapia
(individual y grupal) •
Trastorno de déficit atencional
Psicoestimulantes
(metilfenidato) Terapia
Conductual • Manejo del
dolor Dolor
asociado a procedimientos médicos
Dolor
asociado a condiciones relacionadas
con VIH • Rehabilitación:
Terapia
física Terapia
ocupacional |
|
Se
estima que 50% de los pacientes que adquieren
el virus se encuentran entre los 13 y 24 años
(37), por lo tanto éste es el grupo
en el cual es necesario implementar medidas
preventivas oportunas. Los pediatras junto
con los padres tienen un importante rol en
la guía anticipatoria, referente a
la edad de inicio de relaciones sexuales,
enfermedades de transmisión sexual,
incluyendo el VIH y el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida. Se ha demostrado
que educar a adolescentes sobre relaciones
sexuales no aumenta la actividad sexual (38).
Otro
grupo de fármacos son los dirigidos
a tratar los desórdenes neurológicos
asociados a la infección de VIH/SIDA
(Tabla 2).
En cuanto al uso de drogas, se debe informar
sobre el riesgo de infección a través
de drogas inyectables. Debe enfatizarse además
el riesgo que conlleva el uso de otras drogas,
como alcohol, marihuana y cocaína,
con la infección VIH, dado la mayor
exposición a relaciones sexuales poco
seguras (39).
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